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En el horizonte,
mi meta

El dolor era casi insoportable, recordándome una y otra vez la posibilidad del abandono. Si pudiera definirlo, diría que es la voz de los demonios de la rendición. Sí, eso es el dolor en el deporte, el pretexto perfecto para parar, para detenerse; es el veneno exquisito que contamina la mente del deportista y encuentra su expresión física en los gritos del cuerpo que pide ayuda, sin embargo, su compañía hace siempre más placentera la llegada a la meta.

Y es que al cruzar la meta todo se olvida, desaparece el sufrimiento y la alegría más grande se apodera de cada rincón del cuerpo. Es un sentimiento de plenitud indescriptible.  Eso por lo que luchas, te esfuerzas, lloras y ríes, te caes y te levantas, por lo que trabajase tanto y tantas horas.

A 100 metros de cruzar la línea final miles de pensamientos pasan por la mente. Fueron 6 meses de trabajo, entrenamientos, una dieta específica, carreras de preparación y sacrificios que van más allá de lo deportivo. Muchas veces no fuiste con la familia de paseo, dejaste a los amigos para otro día, saltaste de la cama a las 5 de la mañana, le robaste horas al sueño; ¿y todo para qué? te preguntabas una y otra vez… para cruzar la meta.

Sí, la meta se convirtió en tu motivo, pensar en ella te erizaba la piel, te alegraba, imaginabas todas y cada una de las sensaciones al cumplirla. Dicen que fijarte una meta es el 50% del camino, y así lo creo. La claridad en la meta fija un punto en el horizonte. Es el enunciado mismo que guía todos tus esfuerzos: “Voy a correr el maratón de la Ciudad de México el 24 de agosto del 2019 con un peso de 72kg y en un tiempo de 3:40hrs, lleno de felicidad y salud”; le puse nombre y apellido a dónde quería llegar, ahora solo faltaba trazar el camino.

¿Qué necesito para cumplir con mi meta?, pregunta indispensable. Entrenar, bajar de peso, unos tenis, un reloj deportivo, etc. Pero no tenía ni idea por donde comenzar. “¡Ya sé!” buscaré un entrenador, un nutriólogo, un médico especialista en la materia, personas que ya hayan hecho maratones. El entrenador me dio un plan de entrenamiento, el otro, una guía alimenticia. Compré un reloj que se adaptaba a mis necesidades, unos tenis óptimos para entrenar y otros para correr, escuché todos y cada uno de los consejos. Tenía en mis manos un plan de acción.

Para llegar a la meta debía tener un mapa, un camino. Tuve en mis manos con día y hora mis entrenos, con peso y cantidad mis alimentos. Llegó la certidumbre de saber a dónde quería ir y qué camino quería seguir. Así es la relación entre la meta y el plan de acción; trabajan juntas buscando el éxito del deportista, y como en la vida misma, las metas deportivas son como las metas laborales o personales, tienen fecha de caducidad, solo así, empeñas todo por conseguirlas.

En el ámbito deportivo tener claridad en la meta guía todos tus esfuerzos, mismos que están enmarcados en un plan de acción, en un plan de trabajo que determina tu día a día, todas tus acciones en función de lo que buscas conseguir.

Busca una meta que te haga vibrar y traza un camino para conseguirla. Sé disciplinado y responsable con cada una de las acciones que tomes, ponle fecha de caducidad y no la postergues.

Cumplir con todos y cada uno de estos pasos no solo garantiza que cruces la meta, además, alimentarás en ti hábitos que te servirán para toda la vida… recuerda: ¡¡¡siempre es posible!!!

David Vila
David Vila
Apasionado de su familia y el deporte. Padre de tres hijos ( Ximena, Santiago y Manuel ). Comunicólogo, Psicólogo y Coach Deportivo. Enamorado de los días en calma y del clamor de los estadios. Lo que más disfruto es ver a mis hijos hacer sus actividades deportivas. Amó jugar futbol y correr por las calles de la Cdmx.

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