Parkinson: más horas activas, menos deterioro de memoria y movimiento
Un estudio con 294 adultos con Parkinson, seguidos hasta siete años, asoció más de ocho horas de actividad física por semana con un deterioro cognitivo y motor más lento.

- Participantes
- 294 adultos con Parkinson de leve a moderado
- Edad promedio
- 66.4 años
- Grupo más activo
- Más de 8 h por semana
- Publicación
- Neurology, 7 de octubre de 2026
Quienes se movían más perdieron menos. Entre 294 adultos con Parkinson seguidos hasta por siete años, el grupo más activo tuvo un deterioro más lento de la memoria, el pensamiento y el movimiento que el grupo menos activo. El trabajo se publicó el 7 de octubre de 2026 en Neurology, la revista médica oficial de la Academia Estadounidense de Neurología.
Los participantes tenían Parkinson de leve a moderado y una edad promedio de 66.4 años. De enero de 2019 a febrero de 2025, todos estuvieron inscritos en un programa de biomarcadores con una cohorte de pacientes de Cincinnati. El seguimiento llegó hasta cinco años para la parte cognitiva y hasta siete para los cambios motores.
Cómo midieron la actividad
Cada persona respondió cuestionarios sobre cuántas horas por semana estaba activa en el trabajo, en casa y en sus pasatiempos o actividades recreativas. Con eso se formaron tres grupos: hasta 4 horas semanales, de 4 a 8 horas y más de 8 horas.
Entre las actividades moderadas contaron caminar a paso rápido, jugar tenis de dobles, nadar sin prisa y hacer tareas del hogar. En las más exigentes entraron correr, rodar en bicicleta a mayor velocidad, los deportes de equipo, el tenis de sencillos, palear y cargar objetos pesados.
Los números
En la Evaluación Cognitiva de Montreal, una prueba de 30 puntos, el grupo menos activo perdió en promedio estimado 0.478 puntos por año. El grupo moderado perdió 0.090 y el más activo, apenas 0.007.
En la escala de síntomas motores, que va de 0 a 132 y donde un número más alto indica síntomas más graves, el promedio inicial fue de 23. El grupo menos activo subió 0.143 puntos al año, el moderado bajó 0.225 y el más activo bajó 0.783. Las diferencias se mantuvieron tras ajustar por edad, sexo y tiempo con la enfermedad.
Más tiempo total de actividad, más volumen y más ejercicio vigoroso se asociaron, cada uno, con un deterioro más lento. Pero cuando se ajustó por el tiempo total, la intensidad vigorosa dejó de mostrar una relación propia con los resultados, lo que apunta a que la duración y la continuidad podrían pesar más. La actividad reciente siguió asociada con la evolución motora y cognitiva aun considerando los hábitos de ejercicio de los diez años previos.
Dong-Woo Ryu, autor del estudio en la Universidad de Cincinnati, dijo que la actividad física puede tener beneficios dobles, ligados a menores descensos tanto en el movimiento como en la cognición. Añadió que esos beneficios pueden depender de cuánto tiempo se mantengan activas las personas y de si siguen ejercitándose, y que diferencias pequeñas podrían volverse más significativas con los años.
Lo que el estudio no dice
El trabajo encontró una asociación, no una relación de causa: no demuestra que el ejercicio por sí solo frene o retrase el avance del Parkinson, ni fija una cantidad de ejercicio que garantice hacerlo.
La actividad fue autorreportada y no medida de forma directa, así que algunas estimaciones podrían ser inexactas. Los autores también señalan el carácter observacional y un posible sesgo de selección. Ryu pidió leer los resultados con cautela, porque los participantes empezaron con buenas habilidades de memoria y pensamiento, y dijo que hacen falta más estudios.
La investigación recibió financiamiento de la Gardner Family Foundation y del Precision Medicine in Neurodegenerative Diseases Fund.
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